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18 de agosto de 2026

El otro día jugamos póker con frijoles

Nadie encontró las fichas. Contamos el bote con frijoles y monedas hasta que ya nadie sabía quién iba ganando. De ahí salió Chipless Pot.

El otro día se armó la partida en mi casa. Estaban las cartas, estaba la cerveza, estaba la gente. No estaban las fichas.

Lo que pasó

Empezamos con frijoles. Un frijol vale diez, ¿va? Media hora después ya había frijoles que valían veinte, monedas de a peso haciendo de cien, y un billete doblado que valía quinientos porque alguien lo dijo en voz alta y nadie lo contradijo.

El problema del póker sin fichas no es contar. Es recordar. Quién subió, cuánto llevaba puesto el que se fue al baño, si el bote traía la ciega del que ya se había ido a su casa. Cada mano terminaba con tres versiones distintas de la misma historia, y la siguiente arrancaba peor que la anterior.

Acabamos jugando a los amigos, no al póker.

Lo que aprendí

Las fichas no son dinero de mentira. Son la base de datos de la mesa. Cuando las quitas no pierdes el dinero — pierdes el registro. Y sin registro no hay juego, hay discusión.

Lo otro que no esperaba: nadie quería otra app de póker. Nadie quería que el teléfono repartiera las cartas. Todos ya traíamos el teléfono en la mano y lo único que faltaba era el contador.

La herramienta

Al día siguiente hice Chipless Pot. Abres poker.charrolab.com, escribes los nombres, y el teléfono lleva el bote: quién subió, quién igualó, cuánto hay en la mesa y con cuánto va cada quien.

Sin cuenta, sin instalar, sin descargar nada. Las cartas siguen siendo de verdad; lo único que se muda al teléfono es la contabilidad.

Los frijoles volvieron a la cocina.

El otro día jugamos póker con frijoles — CharroLab